La campaña electoral para las
elecciones generales del 2017 en la práctica arrancó, cada uno de los sectores políticos y sociales
arman sus estratégicas con dos objetivos bien definidos: ganar la presidencia de
la república o alcanzar una apreciable representación en la Asamblea Nacional,
o las dos cosas. El tablero político de apoco se va definiendo, aunque lo único
seguro, al momento, es que Rafael Correa no será candidato, lo cual varia el
panorama electoral.
En estas condiciones, el gran electorado
busca una alternativa que reemplace al correísmo, una opción que sea capaz de
vencer en las urnas a la poderosa maquinaria estatal, que como en otras ocasiones,
se pondrá en movimiento a favor del candidato oficial; es en ese contexto que la
tan mentada “UNIDAD” se ha posicionado en importantes franjas de la opinión pública,
aupado por la propaganda de las corporaciones mediáticas (Teleamazonas, Ecuavisa,
El Comercio…) quienes aspiran a replicar el fenómeno Capriles en Venezuela o
Macri en Argentina, solo basta observar las emisiones y publicaciones de estas últimas
semanas, donde el debate central fue: ¿Por qué no se unen todos bajo un
candidato único para ganar las elecciones?.
Nos preguntamos entonces: ¿Unidad para
qué y con quiénes? Si se trata de cambiar radicalmente la actual política gubernamental,
que en esencia beneficia a un sector de la burguesía, y a quienes se enriquecieron
a costa del Estado, entonces la unidad debe agrupar a los sectores sociales y
populares que en las calles y plazas hemos combatido a la política derechista
del correísmo. La unidad de las organizaciones sindicales, indígenas,
estudiantiles, mujeres, maestros, campesinos, pequeños comerciantes, en fin, la
unidad de los de abajo, de los sectores históricamente excluidos, que luchamos
contra la “larga noche” neoliberal, noche que se extendió en el régimen actual.
La UNIDAD de los sectores
populares tiene como base la plataforma de lucha del Colectivo Nacional Unitario,
el cual resume las principales reivindicaciones de quienes en estos años
levantaron la lucha en defensa de los derechos del pueblo y en rechazo a la
política del régimen; el colectivo unitario jugó un rol fundamental en el combate
al gobierno, puso el pecho a las balas, fue víctima de la persecución y la cárcel;
el colectivo levantó un programa para enfrentar la crisis denominada: Propuesta
popular y soberana contra la crisis y por el desarrollo del país, documento concebido
desde la
perspectiva de los pueblos y bajo el criterio de que: “la crisis la paguen los
ricos”, esta propuesta plantea:
Declarar la moratoria en el pago de la deuda externa por cinco
años; establecer un impuesto al patrimonio de las 110 empresas más poderosas
del país; nacionalizar las empresas de telefonía móvil; elevación general de
sueldos y salarios para dar mayor capacidad de consumo a los ecuatorianos y así
reactivar el comercio interno y la producción; disminuir el IVA del 12% al 10%;
cobrar a los grandes evasores del pago de impuestos; garantizar la estabilidad
de los trabajadores en el sector público y privado; establecimiento de una
alianza pública - popular – comunitaria para apoyar a los pequeños y medianos
productores del campo y las ciudades; aplicación de una auténtica reforma
agraria…, es un programa democrático y auténticamente popular.
La pregunta es: Los Nebot, Carrasco, González, Lasso, Gutiérrez,
Noboa, etc. ¿Serán capaces de llevar adelante una plataforma de esta naturaleza?,
la respuesta es obvia, NO, ellos jamás
impulsarán estas iniciativas porque afecta los intereses económicos de los
grupos de poder a los cuales ellos representan. En estos días, con gran despliegue
informativo se firmó en Cuenca un documento titulado: “Convergencia Democrática
por la Unidad”, este acuerdo fue suscrito por el socialcristiano Jaime Nebot, el
prefecto de Azuay Paúl Carrasco, el ex ministro Ramiro González, el
representante del Movimiento SUMA
Guillermo Celi y Marcelino Chumpi Prefecto de Morona Santiago.
El documento en lo fundamental recoge
los siguientes aspectos:
Proponen la
recuperación económica mediante incentivos; acercamiento público – privado;
estabilidad jurídica y tributaria; fortalecer la dolarización; derogar las
enmiendas constitucionales; reducir el tamaño del Estado; reformar íntegramente
la Ley de Comunicación, entre otras.
Esta es la esencia del
programa de la derecha ecuatoriana, adornada con demandas sociales muy sentidas,
como el derecho al libre acceso a la universidad pública. En el fondo sus planteamientos
se enmarcan en la línea neoliberal; quieren que el Estado les entregue “incentivos”,
léase “salvataje bancario”; buscan meter la mano en sectores económicos estratégicos
(petróleo, electricidad, telecomunicaciones) es decir promueve las privatizaciones;
volvemos a la consabida cantaleta neoliberal de la reducción del tamaño del Estado.
Esta plataforma es radicalmente opuesta al programa de los sectores populares.
Bajo este análisis, la opinión,
interesada o no, de quienes reclaman la unidad de “todos” contra Correa: es
equivocada; la derecha banquera y social cristiana muy habilidosamente promueve
este concepto con el objetivo de capitalizar el descontento social contra el gobierno y desplazar
a la derecha correísta del poder. En Venezuela, bajo la prédica de la “Unidad”,
la derecha retomó el control de la Asamblea Nacional, capitaneados por una vieja
figura política del nefasto bipartidismo ADE-COPEI, en Argentina con el mismo
discurso, retomó el poder la derecha empresarial.
Para superar la crisis debemos
eliminar de raíz las causas que la engendran, acabar con este sistema capitalista
y construir sobre sus cenizas una nueva sociedad; para ello, es necesaria la
unidad, claro que sí. ¿Para qué? Para llevar adelante la aplicación de un programa
popular que supere definitivamente la crisis y abra las puertas a la
construcción de una nueva sociedad; ¿Con quiénes? Con los que luchamos en el campo
popular, los trabajadores, la juventud y los pueblos. La unidad del pueblo, en la
perspectiva de tomar el poder para pueblo.
Lic. Marcelo Rivera T.

